Más que un paseo dominical


La mañana del 29 de septiembre en Oviedo nos regaló una imagen nunca vista: un grupo de personas, apenas un centenar, camina por una autopista desierta de coches. Por momentos parece a punto de desaparecer perdido en la enorme explanada de asfalto vacío No hay pancartas que saquen de su perplejidad a los que, intrigados, observan desde el paso elevado. De vez en cuando, ciclistas se adelantan unas decenas de metros, zigzaguean indecisos y, sin llegar a rebasar al coche-patrulla, se reincorporan enseguida a la marcha. De pronto un joven menudo con casco blanco y chaleco reflectante se vuelve y se dirige a la reunión con un megáfono. Miradas, entre sorprendidas y atentas, a izquierda, derecha, y al frente donde se muestran paneles con fotografías; y al poco el grupo vuelve a ponerse en movimiento. En una de estas paradas chicos y chicas tantean, entre risas y arcenes, unos toques de balón.

Preguntadas por los periodistas, las participantes encuentran difícil de explicar sus razones. Claro que la convocatoria tiene algo de manifestación, de reivindicación: se protesta contra una infraestructura obsoleta que como un cuchillo parte barrios en dos causando ruido, polvo y marginación, y también contra la desidia de los responsables de su existencia. Pero de alguna manera sienten que se trata de algo más que eso. Con una acción tan simple y natural como un paseo en una mañana de domingo, no sólo han puesto en evidencia la inoperancia y el sinsentido de un modelo de ciudad agotado cuyo poderío se alarga ya desde casi un siglo: han dejado atrás la queja convencional propia de los individuos pasivos, que esperan soluciones llegadas de arriba, y han tomado la iniciativa. Con unas cuantas bicicletas y una pelota se han atrevido a romper uno de los tabúes más queridos por el modelo urbano capitalista, el sacrosanto dominio del vehículo privado, y han demostrado que 250.000 metros cuadrados en el centro de la ciudad pueden ser algo más que un inmenso colector de coches, humos y ruidos.

Este paseo de apenas hora y media y bajo vigilancia policial es otro pequeño paso adelante en un proceso de dinamización del tejido social de los barrios de la zona Este de Oviedo, iniciado hace ahora casi un año, y al que con toda certeza seguirán nuevas acciones colectivas de liberación y apropiación para la comunidad del espacio arrebatado a los barrios por la autopista. Se han imaginado un bulevar, les han tomado la delantera a los que, en su vanidad, se arrogan su representatividad política, y empleando su pensamiento colectivo creativo y crítico se colarán por cualquier rendija de la valla para llenar todo ese vacío con nuevos usos públicos.

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